LAS ASAMBLEAS DE TRAPOS SUCIOS . HOY TOCA REPARTIR TELÉFONOS .

Hay asambleas de barrio con gran asistencia, como en los viejos tiempos: reparten teléfonos.

La realización de asambleas de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), para las que las gentes se preparan desde muchos días antes, en cada barrio, en cada cuadra, y que terminan una noche como “la fiesta del Guatao”, con todo el mundo fajado, lamentablemente ya son parte de la vida cotidiana en Cuba.

El motivo de discordia puede ser un televisor o algún otro aparato, donde la figura de un Estado paternalista, asistencialista, quiere imponerse como la única autorizada para abastecer a personas llenas de necesidades. Aunque en el fondo a nadie le guste buscarse la enemistad de los vecinos, esta puja pública es el único modo en que la mayoría de las familias  pueden obtener algunas cosas que ofrecen las tiendas “recaudadoras de divisas” a precios inalcanzables para quienes dependen de un salario.

Últimamente, en estas reuniones de los Comités, se compite por otro tipo de “premio”. No es nada que se venda en una tienda. Son los teléfonos fijos, causa de contradicciones y no pocos enfrentamientos que a veces acaban en una bronca pendenciera.

Habitualmente, al margen de estas asambleas competitivas, entregar un teléfono se usa por las empresas y las instituciones del Estado como estímulo para recompensar a los ciudadanos de más “méritos”, o para atender a los de mayores problemas, los “casos sociales”. Un grupo de beneficiados donde entran, por supuesto, también algunos clientes que necesitan el teléfono para trabajar, siendo el menos publicitado el oficio de  informante del Sistema Único de Vigilancia Revolucionaria.

ETECSA se expande, es una de las pocas empresas lucrativas, y la oportunidad de obtener un número de teléfono hace que aumente la asistencia a una reunión del CDR que, de no ser así, tendría la misma participación escasa y apática de siempre. Se convoca a todos los cederistas hacia un espacio lo más abierto posible, una esquina, un parque o un solar yermo, antes del horario de la telenovela. Y no es raro que el círculo de interesados desborde las aceras y llegue hasta el centro de la calle, obstaculizando el tráfico.

Van mencionándose los nombres de los que han entregado sus cartas de solicitud, mientras se realiza el conteo de votos, es decir, de brazos levantados. Se excluye de esta piñata, por supuesto, a quienes no pertenezcan a la organización revolucionaria, y cada cederista puede votar cuantas veces quiera, incluyendo a los solicitantes que están autorizados a votar por sí mismos, lo que hacen sin demora, por cierto, de manera muy desinhibida. Por el ánimo puesto en el asunto pareciera que se asiste al ensayo de una futura y verdadera elección para escaño político.

Al final, concluida la puja pública, después de los vecinos haberse regateado el favor de una mano levantada, todos se retiran a sus casas con serias heridas en su orgullo. A esa hora el barrio ha quedado inevitablemente dividido. Desde algunas casas emergen comentarios ofensivos que se hacen en voz alta con toda intención.

Solamente la noche impone el silencio poco a poco sobre la calle. Pero es cuando alguien —esta escena tiene lugar cerca del estadio Sandino, en Santa Clara—, que vuelve tarde a casa, borracho, al enterarse de que la madre quedó otra vez fuera del reparto, hala por un machete y corre de una esquina a la otra, gritando: “Chivas, ustedes son todos unos chivas”.

Grita y gesticula hacia la acera de enfrente, porque en ese lado de la calle han tenido mejor suerte, y menciona uno a uno los nombres de los beneficiados.

Desde el otro lado alguien intenta salir, también machete en mano, pero sus familiares lo aguantan y lo devuelven al interior de su casa.

Al día siguiente, este es el tema de conversación favorito en el barrio. Todo el mundo tiene algo que opinar.

Olga Sifonte, cuentapropista, a pesar de que por su trabajo mantiene buenas relaciones con sus vecinos (vende batidos de frutas naturales), lleva dos años seguidos sin ganarse un teléfono, pero no quiere culpar a nadie, ni hablar mal de nadie, y comenta: “Esto no debiera ser así, yo no voy a solicitarlo más, ¿vamos a estar siempre fajados?”

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Acerca de con el machete en la mano.

por la libertad de cuba , en contra de las dictaduras .
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